¿Qué ocurrió en 1993? Los antecedentes
Comencemos por el principio: ¿Qué ocurrió en torno a Srebrenica entre el otoño de 1992 y enero de 1993? Se ofrece a continuación la explicación que dió Francisco Veiga en su libro: Slobo. Una biografía no autorizada de Slobodan Milošević (Debate - Random House Mondadori, 2004) en pags. 305-308
"A comienzos de 1993, la guerra de Bosnia estaba fuera de control. El mito de Slobo como un moderno Maquiavelo balcánico estaba seriamente erosionado. Todavía vivía de rentas: parecía que siempre dispondría de un as en su manga, una combinación retorcida que pronto saldría a la luz. Pero el desgraciado asunto de Panić había supuesto un enorme rodeo para volver al mismo sitio. En las cancillerías occidentales todavía seguía interesando ofrecer una versión maquiavélica de Milošević: tapaba las políticas de doble rasero, la falta de objetivos claros y de planes de acción, los errores en general. De hecho, la situación política en y en torno a Bosnia estaba cada vez más deteriorada. Apenas lograban taparse los zancadilleos y trampas que se tendían entre sí los políticos, diplomáticos y estadistas, ONG´s, intelectuales o periodistas. Decidirse por algo era malo; hacer todo lo contrario, era peor.
Eran los tiempos de la postguerra fría. Las grandes potencias occidentales no sabían cómo reconducir el enorme peso contundente de su política exterior sin el obsesivo peligro de la confrontación bipolar. Ya no se podían llevar a vía muerta los asuntos embarazosos bajo las exigencias del “equilibrio del terror”. Pero, sobre todo, resultaba muy frustrante comprobar que el Nuevo Orden proclamado triunfalmente bajo la presidencia de George Bush padre, no terminaba de imperar. Se suponía que con el final de la Guerra Fría había triunfado el Bien sobre el Mal, una idea que hizo prosélitos incluso entre muchos intelectuales europeos de la izquierda progresista. Pero no se notaba. Es más: las cosas parecían ir a peor. Estados Unidos era la superpotencia rectora que sólo daba puñetazos en el aire, sin objetivos de envergadura; nadie imaginaba por entonces el 11-S. Y toda esa situación desembocaba obsesivamente ante la Republika Srpska, una diminuta república montañesa, que abarcaba una minúscula extensión de terreno: el 70% de 51.100 km² (Bosnia y Hercegovina) es decir, 35.770 km². Algo así como la superficie de las provincias de Zaragoza y Huesca más la mitad de la Rioja, con respecto al total de la comunidad de Aragón y la Rioja juntas (52.765 km²).
[A poco de que se cumpliera un años de guerra] Los serbios de Bosnia ya tenían lo que querían, o casi todo: les faltaba controlar una porción mayor de Sarajevo y en especial, eliminar los tres enclaves de población musulmana que sobrevivían cercados en el territorio de la Bosnia oriental que ya controlaban: Srebrenica, Žepa y Goražde, tres pequeña Numancias que devendrían legendarias.
En abril, Srebrenica estaba a punto de caer en manos serbias. Éstos le tenían ganas. Hasta diciembre de 1992, las fuerzas musulmanas habían lanzado unos 70 asaltos contra aldeas serbias colindantes, provocando un millar de bajas mortales entre civiles y militares. Los primeros ataques comenzaron el 6 de mayo de ese año, pero el más duro se efectuó el 7 de enero de 1993 (Navidad ortodoxa) cuando las fuerzas musulmanas del enclave organizaron una expedición de castigo, tomaron varias aldeas hacia el norte, las quemaron y asesinaron a población civil . La peor parte se la llevó la población de Glogova, asaltada por unos 3.000 combatientes musulmanes. Nueve días más tarde se efectuaron nuevos ataques contra cinco aldeas más. Algunas agencias de noticias occidentales transmitieron las imágenes de los entierros como si fueran víctimas musulmanas. Los serbios estaban rabiosos. A mediados de marzo ya habían desplazado fuerzas suficientes como para tomar Srebrenica. Miles de campesinos de los alrededores buscaron refugio en el interior del ya atestado enclave, que apenas podía valerse por si mismo. Las noticias de estas tragedias no llegaban al exterior; Sarajevo acaparaba toda la atención internacional.
El 11 de marzo, el general francés Phillipe Morillon, jefe por entonces de las tropas UNPROFOR, intentó llegar hasta el enclave de Srebrenica. Asumiendo un notable riesgo personal, Morillon consiguió entrar en la zona asediada. Allí, la población no le dejó abandonar el pueblo hasta declarar que el enclave estaba bajo la protección de las Naciones Unidas y era una “Safe Area”. Según se supo poco después, la retención de Morillon había sido una acción coreografiada desde Sarajevo de acuerdo con Naser Orić, el comandante local quien, por cierto era un ex policía y antiguo guardaespaldas de Milošević.
Los comandantes de los “cascos azules” eran sufridas víctimas propiciatorias para toda clase de críticas. Morillon también lo fue por declarar que el enclave de Srebrenica era una zona protegida a cargo de las Naciones Unidas sin consultar con sus superiores. Pero al fin y al cabo, los serbios de Croacia estaban integradas en UNPA´s, es decir, "Áreas Protegidas de las Naciones Unidas". Tampoco nadie criticó al gobierno bosnio por dar cobertura a la operación de bloqueo de Morillon con civiles. Y si éste hubiera abandonado Srebrenica a su suerte, sin más, también habría sido censurado, por haberse lavado las manos.
A comienzos de abril, las tropas serbobosnias dieron un término de cuarenta y ocho horas para evacuar el enclave antes del asalto final. El Alto Comisionado de las naciones unidas para los Refugiados organizó la evacuación de unas 60.000 personas. Muchos criticaron la operación porque, según decían, era una forma de ayudar a los serbios en la limpieza étnica. Los occidentales estaban presos de las palabras y los prejuicios: al parecer, evacuar a civiles de una zona de combate se había convertido en “limpieza étnica”. En ese caso también lo habría sido la desocupación de los detenidos en los centros de internamiento del norte de Bosnia, pocos meses antes."
