martes, julio 19, 2005

¿Qué ocurrió en 1993? Los antecedentes

Comencemos por el principio: ¿Qué ocurrió en torno a Srebrenica entre el otoño de 1992 y enero de 1993? Se ofrece a continuación la explicación que dió Francisco Veiga en su libro: Slobo. Una biografía no autorizada de Slobodan Milošević (Debate - Random House Mondadori, 2004) en pags. 305-308


"A comienzos de 1993, la guerra de Bosnia estaba fuera de control. El mito de Slobo como un moderno Maquiavelo balcánico estaba seriamente erosionado. Todavía vivía de rentas: parecía que siempre dispondría de un as en su manga, una combinación retorcida que pronto saldría a la luz. Pero el desgraciado asunto de Panić había supuesto un enorme rodeo para volver al mismo sitio. En las cancillerías occidentales todavía seguía interesando ofrecer una versión maquiavélica de Milošević: tapaba las políticas de doble rasero, la falta de objetivos claros y de planes de acción, los errores en general. De hecho, la situación política en y en torno a Bosnia estaba cada vez más deteriorada. Apenas lograban taparse los zancadilleos y trampas que se tendían entre sí los políticos, diplomáticos y estadistas, ONG´s, intelectuales o periodistas. Decidirse por algo era malo; hacer todo lo contrario, era peor.

Eran los tiempos de la postguerra fría. Las grandes potencias occidentales no sabían cómo reconducir el enorme peso contundente de su política exterior sin el obsesivo peligro de la confrontación bipolar. Ya no se podían llevar a vía muerta los asuntos embarazosos bajo las exigencias del “equilibrio del terror”. Pero, sobre todo, resultaba muy frustrante comprobar que el Nuevo Orden proclamado triunfalmente bajo la presidencia de George Bush padre, no terminaba de imperar. Se suponía que con el final de la Guerra Fría había triunfado el Bien sobre el Mal, una idea que hizo prosélitos incluso entre muchos intelectuales europeos de la izquierda progresista. Pero no se notaba. Es más: las cosas parecían ir a peor. Estados Unidos era la superpotencia rectora que sólo daba puñetazos en el aire, sin objetivos de envergadura; nadie imaginaba por entonces el 11-S. Y toda esa situación desembocaba obsesivamente ante la Republika Srpska, una diminuta república montañesa, que abarcaba una minúscula extensión de terreno: el 70% de 51.100 km² (Bosnia y Hercegovina) es decir, 35.770 km². Algo así como la superficie de las provincias de Zaragoza y Huesca más la mitad de la Rioja, con respecto al total de la comunidad de Aragón y la Rioja juntas (52.765 km²).

[A poco de que se cumpliera un años de guerra] Los serbios de Bosnia ya tenían lo que querían, o casi todo: les faltaba controlar una porción mayor de Sarajevo y en especial, eliminar los tres enclaves de población musulmana que sobrevivían cercados en el territorio de la Bosnia oriental que ya controlaban: Srebrenica, Žepa y Goražde, tres pequeña Numancias que devendrían legendarias.

En abril, Srebrenica estaba a punto de caer en manos serbias. Éstos le tenían ganas. Hasta diciembre de 1992, las fuerzas musulmanas habían lanzado unos 70 asaltos contra aldeas serbias colindantes, provocando un millar de bajas mortales entre civiles y militares. Los primeros ataques comenzaron el 6 de mayo de ese año, pero el más duro se efectuó el 7 de enero de 1993 (Navidad ortodoxa) cuando las fuerzas musulmanas del enclave organizaron una expedición de castigo, tomaron varias aldeas hacia el norte, las quemaron y asesinaron a población civil . La peor parte se la llevó la población de Glogova, asaltada por unos 3.000 combatientes musulmanes. Nueve días más tarde se efectuaron nuevos ataques contra cinco aldeas más. Algunas agencias de noticias occidentales transmitieron las imágenes de los entierros como si fueran víctimas musulmanas. Los serbios estaban rabiosos. A mediados de marzo ya habían desplazado fuerzas suficientes como para tomar Srebrenica. Miles de campesinos de los alrededores buscaron refugio en el interior del ya atestado enclave, que apenas podía valerse por si mismo. Las noticias de estas tragedias no llegaban al exterior; Sarajevo acaparaba toda la atención internacional.

El 11 de marzo, el general francés Phillipe Morillon, jefe por entonces de las tropas UNPROFOR, intentó llegar hasta el enclave de Srebrenica. Asumiendo un notable riesgo personal, Morillon consiguió entrar en la zona asediada. Allí, la población no le dejó abandonar el pueblo hasta declarar que el enclave estaba bajo la protección de las Naciones Unidas y era una “Safe Area”. Según se supo poco después, la retención de Morillon había sido una acción coreografiada desde Sarajevo de acuerdo con Naser Orić, el comandante local quien, por cierto era un ex policía y antiguo guardaespaldas de Milošević.

Los comandantes de los “cascos azules” eran sufridas víctimas propiciatorias para toda clase de críticas. Morillon también lo fue por declarar que el enclave de Srebrenica era una zona protegida a cargo de las Naciones Unidas sin consultar con sus superiores. Pero al fin y al cabo, los serbios de Croacia estaban integradas en UNPA´s, es decir, "Áreas Protegidas de las Naciones Unidas". Tampoco nadie criticó al gobierno bosnio por dar cobertura a la operación de bloqueo de Morillon con civiles. Y si éste hubiera abandonado Srebrenica a su suerte, sin más, también habría sido censurado, por haberse lavado las manos.

A comienzos de abril, las tropas serbobosnias dieron un término de cuarenta y ocho horas para evacuar el enclave antes del asalto final. El Alto Comisionado de las naciones unidas para los Refugiados organizó la evacuación de unas 60.000 personas. Muchos criticaron la operación porque, según decían, era una forma de ayudar a los serbios en la limpieza étnica. Los occidentales estaban presos de las palabras y los prejuicios: al parecer, evacuar a civiles de una zona de combate se había convertido en “limpieza étnica”. En ese caso también lo habría sido la desocupación de los detenidos en los centros de internamiento del norte de Bosnia, pocos meses antes."

Una pregunta básica sobre Srebrenica

El pasado domingo Daniel Fernández, coordinador de los diputados y senadores del PSC aún escribió alguna última superficialidad sobre Srebrenica en una plomiza sección del Cuaderno del Domingo de “El Periódico de Catalunya” titulado “La semana de...” El buen hombre intentó cuadrar el significado de la efemérides con los sucesos de Londres y le salió un pequeño churro indescifrable. Pero fuera de ese detalle, parece que ha terminado la obsesiva campaña de conmemoraciones periodísticas sobre el aniversario de Srebrenica.

Desde luego, parece que la palma se la ha llevado “El País”: a partir del 3 de julio y hasta el día 11, una catarata. Una especie de desgarro-reportaje de Juan Goytisolo con Hermann Tertsch como telonero, dos columnas más del germánico reportero referidas al mismo tema, una de Lluís Bassets (¿o fueron un par?) y dos editoriales, dos; además, varios reportajes de Ramón Lobo desde el lugar de la tragedia y más allá, sin ahorrar columnas, a lo grande. Todo esto hubiera estado muy bien si los exaltados corifeos de opinión no se hubieran limitado a repetir por activa y por pasiva lo de siempre, lo que se ha leído una y otra vez como un mantra interminable a lo largo de diez años: que la de Srebrenica fue la peor masacre desde la Segunda Guerra Mundial (en Europa, claro), que los “cascos azules” holandeses fracasaron lamentablemente a la hora de proteger a los habitantes del enclave, que es una vergüenza que Radovan Karadzic y el general Ratko Mladic sigan el libertad... Balones fuera, como es habitual. Este año, debido a la emisión de unos videos en los que se aprecia cómo agentes de la policía especial serbia ejecutaban a detenidos bosnio musulmanes tras la caída del enclave, se ha incorporado la posibilidad (muy útil políticamente) de que Slobodan Milošević cargue con todas las culpas y responsabilidades de lo ocurrido, ya que ni Mladić ni Karadžić aparecen por parte alguna.

Y ahora, si tienen tiempo o les apetece, revisen todo ese aluvión de papel y tinta. Comprobarán ustedes y por sí mismos, que en casi ninguno de ellos (y son páginas y páginas rubricadas por “enterados y expertos”) se encuentra ni la más mínima referencia a una de las preguntas principales: ¿Por qué tuvo lugar la matanza de Srebrenica?

Es una pregunta básica, pero por alguna razón (o por varias) nadie en Occidente tiene mucho interés en responderla. Verán: el próximo 25 de julio se conmemorará el aniversario de la caída de Žepa, el segundo enclave de Bosnia oriental en manos de las tropas serbo bosnias del general Ratko Mladić. Pues bueno: allí no hubo matanzas, no se produjeron ejecuciones. Desapareció el comandante Avdo Palić, jefe militar del enclave, y según todos los indicios, fue asesinado por los asaltantes serbios tras ser detenido y aislado durante meses. Pero no hubo masacre, la población fue enviada a territorio bosnio musulmán, sin más. ¿Por qué?¿Por qué en Srebrenica sí y en Žepa no? ¿Nos jugamos algo a que el próximo 25 de julio ni “El País” ni ningún otro periódico español (incluso occidental) le dedica ni media palabra al asunto?

A lo largo de las semanas siguientes, y como particular homenaje a las víctimas de Srebrenica, acto no institucional ni políticamente interesado, sin ánimo de manipulación ni beneficio alguno, esta blog publicará materiales y explicaciones referidos a estas preguntas y algunas otras que pueden ayudar a esclarecer por qué la prensa institucional y la tropilla de los bienpensantes, bienintencionados y todos aquellos partidarios de la bondad orgánica y rentable, parecen interesados en sortear la tozuda realidad durante diez años más (y los que hagan falta).

martes, julio 12, 2005

Editorial de "El Peródico", doble versión

Editorial remitido a “El Periódico” el pasado 11 de julio, 2005 (por Francisco Veiga)

Cuando ya comienza a remitir el aluvión de artículos conmemorativos sobre la tragedia de Srebrenica, se impone un breve balance de balances. La atención prestada a la efemérides trasluce la preocupación por no olvidar lo sucedido, lo cual es loable porque supone que tampoco se ha dejado de lado el objetivo final de promover justicia: condenar a los culpables para restañar las heridas y construir la paz. Además, Srebrenica ha de ser recordada para evitar que vuelva a suceder algo parecido, en Europa o fuera de ella. Dicho lo cual, resulta que ninguno de los responsables directos ha sido capturado todavía, lo cual es incomprensible dado que se esconden en pequeños países muy controlados internacionalmente. Muy poco se ha dicho sobre los supervivientes de la tragedia y sus víctimas, qué ayudas han recibido, qué se ha hecho de sus vidas. Pero sobre todo, casi ni media palabra sobre la pregunta más importante: ¿Por qué tuvo lugar la masacre de Srebrenica, la más brutal de todas las conocidas en la guerra de Bosnia? La contienda estaba terminando y no parecía que aquel horror tuviera un objetivo concreto. Dentro de pocos días se cumplirá la efemérides de la caída de Zepa, el otro enclave musulmán, donde las tropas de Mladic apenas cometieron excesos. ¿Por qué en un caso sí y en el otro no? Quizá diez años de silencio todavía son un escaso margen de tiempo. En todo caso, la reconciliación de los bosnios, paso necesario para la reconstrucción, ha de hacerse sobre la aclaración de todos los extremos y responsables últimos, directos o no, caiga quien caiga. Mladic y Karadzic han de ser arrestados y juzgados, sea lo que sea lo que deban explicar.


“Srebrenica pide respuestas” (editorial publicado el 12 de julio, 2005, pag. 10)
Compárense las líneas eliminadas y las añadidas en la redacción.

La atención prestada al 10º aniversario de la tragedia de Srebrenica, el primer genocidio perpetrado en Europa desde la segunda guerra mundial, trasluce la preocupación por no olvidar lo sucedido y evitar que vuelva a suceder algo parecido. Es doblemente loable, porque no se deja de lado el objetivo final de promover justicia: condenar a los culpables de un crimen contra la humanidad para restañar las heridas y construir la paz.

Pero resulta que ninguno de los responsables directos ha sido capturado aún, lo cual es muy poco comprensible. Y que muy poco se ha dicho sobre los supervivientes de la tragedia, qué ayudas han recibido, qué se ha hecho de sus vidas. Y sobre todo que queda por aclarar la pregunta más importante: ¿por qué tuvo lugar la masacre de Srebrenica, la más brutal de todas las conocidas en la guerra de Bosnia? La contienda estaba terminando y no parecía que aquel horror tuviera un objetivo concreto. Quizá 10 años de silencio todavía son un escaso margen de tiempo. La reconciliación de los bosnios, paso necesario para la reconstrucción, ha de hacerse sobre la aclaración de todos los extremos y responsables últimos, casiga quien caiga. Mladic y Karadzic han de ser capturados, sea lo que sea lo que deban explicar.

domingo, julio 10, 2005

Un poco de luz sobre la sombría Srebrenica, por F. Veiga

Publicado en "El Mundo", domingo 3 de julio, 2005

Ocurrió hace una década, por estas mismas fechas: las tropas serbias de Bosnia, dirigidas por el general Ratko Mladic tomaron el enclave bosnio musulmán de Srebrenica y ejecutaron a un crecido número de prisioneros y civiles. No fue la peor matanza cometida en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, tópico repetido hasta la saciedad en la prensa occidental, como si fuera un mantra: ya en 1956, por ejemplo, tuvo lugar una importante masacre cuando las tropas soviéticas entraron a sangre y fuego en Hungría. Pero ocurre que la historia de esa insurrección es un asunto que todavía hoy genera polémica entre los mismos húngaros y quizás eso contribuye a dejarla de lado en la comparación. Con el tiempo, podría ocurrir algo similar con Srebrenica, a pesar de que eso parezca hoy en día imposible. Pero lo cierto es que esa masacre en la que todo parece estar en blanco sobre negro, encierra diversos asuntos polémicos que llevan mucho tiempo metidos bajo la alfombra de lo políticamente correcto y que por las trazas y actitudes de muchos medios de comunicación, parece que seguirá siendo así quizá durante otra década.

A cinco años vista, Srebrenica se ha convertido en una de las piedras de toque de la acusación contra Milosevic. Si pudiera demostrarse que tuvo alguna forma de responsabilidad en la carnicería, sería acusado de genocidio, a lo que contribuiría la redefinición a la baja del concepto efectuada en el mismo tribunal –reduciendo el número de víctimas necesarias para tipificar el caso- y que permitió que, en su día, las matanzas de Srebrenica fueran las únicas legalmente establecidas como “genocidio” durante la guerra de Bosnia. La reciente aparición de unos descarnados vídeos en los que se puede apreciar cómo agentes de la policía especial serbia ejecutan a detenidos musulmanes ha generado un gran impacto mediático y político en la misma Serbia, dando a entender que algo se está moviendo allí, aunque la prensa occidental ha dejado de lado que la pieza probatoria fue conseguida por Natasa Kandic, la célebre luchadora por los derechos humanos en Serbia.

No queda muy claro por qué el protagonismo de Kandic ha sido ninguneado. Quizá para tapar la muy cuestionable eficacia de la acusación en el juicio que se sigue contra Milosevic en el TPI de La Haya. Porque además, el revuelo de los vídeos oculta también que desde hace dos años se debate sobre un documento oficial que demuestra la participación de unidades del Ministerio del Interior de Serbia en las masacres de Srebrenica. El problema está en que al parecer actuaba bajo mando directo del coronel Ljubomir Borovcanin, jefe de las unidades de la policía especial serbobosnia, sin que Milosevic tuviera control alguno sobre el asunto. Claro que tampoco tal extremo ha quedado absolutamente establecido, dado que Budimir Babovic, ex jefe de la oficina de Interpol yugoslava, elaboró un informe que intentaba demostrar la responsabilidad de Milosevic en el control de esa unidades. Eso ocurrió ya en 2003, y no queda claro por qué no ha sido utilizado tal material o no ha sido considerado de valor probatorio.

Por lo tanto, el hecho de que ahora hayan salido a la luz los impactantes vídeos de las ejecuciones podría estar conectado con la entrega de Ratko Mladic o Radovan Karadzic al TPI y ello a su vez en relación con el caso de Ante Gotovina en Croacia, relacionado todo ello a su vez con las dificultades que se presentan para las negociaciones del proceso de ampliación de la UE hacia los Balcanes... Pero si políticamente la aparición de las cintas de video ha tenido un efecto saludable, desde el punto de vista estrictamente procesal puede que no sean de gran utilidad; en parte porque por sí mismas no parecen demostrar la implicación directa de Milosevic en las masacres.
Otra cosa diferente es considerar si éste sabía o no lo que estaba ocurriendo en Srebrenica. A eso puede responderse afirmativamente, casi con total seguridad. Y también al hecho de que el mandatario serbio conoció con antelación los preparativos del ataque. El problema es que, al parecer, no fue el único: la eliminación del enclave de Srebrenica parecía formar parte del plan global norteamericano para simplificar el complejo mapa de frentes que había trazado la guerra de Bosnia en 1995 e iniciar conversaciones de paz. Así lo expresó claramente Sandy Vershbow, uno de los asesores del presidente Clinton, en una entrevista a la célebre periodista británica Laura Silber, autora del mejor libro sobre las guerras de la ex Yugoslavia y una celebrada serie de reportajes televisivos sobre el mismo tema, editados por la BBC. También lo menciona David Rhode en su voluminoso y ya clásico libro sobre Srebrenica, el cual se entrevistó con fuentes de la inteligencia americana. O Tim Judah, otro celebrado periodista británico que utiliza como fuente un documentado artículo sobre la actuación de la CIA en Bosnia.

Por lo tanto, parece quedar bastante claro que al menos los norteamericanos sabían lo que iba a ocurrir y dieron luz verde al ataque. Según el mediador británico lord Owen, fue todo el Grupo de Contacto el que accedió a que los serbios de Bosnia tomaran los enclaves de Srebrenica y Zepa. Lo que no esperaban era que tuviera lugar la matanza que, en efecto, acaeció. Hace algunos años, el escritor austriaco Peter Handke se preguntaba en un célebre y polémico libro, qué razón de ser había tenido la masacre de Srebrenica. No la negaba: inquiría por las razones de una acción brutal que no parecía tener lógica. La cuestión no era tan baladí, porque pocos días después de Srebrenica también cayó en manos serbobosnias el enclave de Zepa y allí no se produjeron ejecuciones como las vividas escasos kilómetros más al norte. Ahora ya se conoce la respuesta. A lo largo del otoño e invierno de 1992, las milicias bosnio musulmanas de Srebrenica lanzaron numerosos ataques contra las aldeas serbias limítrofes, concluyendo en el más duro, durante las navidades ortodoxas, en enero de 1993. Precisamente por estas acciones está siendo – muy desganadamente- juzgado en el TPI el que fue comandante de las fuerzas musulmanas en el enclave, Nasir Oric. Al parecer, en una de esas incursiones destruyeron la hacienda familiar de los Mladic en la aldea de Visnice.

Así que las matanzas de Srebrenica parecen haber sido producto de una venganza o al menos de la decisión personal de Mladic. No poseían aparente utilidad estratégica, como la limpieza étnica, que causaba enormes problemas al enemigo; y por ende, complicaba todavía más la búsqueda de una salida negociada al conflicto bosnio que favoreciera a los serbios. Por otra parte, hasta el momento nadie ha sabido responder qué ventaja política o personal habría sacado Milosevic de la carnicería.

Por supuesto, la explicación no es exculpación; pero el ninguneo de este tipo de informaciones no contribuye a buscar soluciones ni evitar futuras repeticiones de este tipo de tragedias. Por ejemplo, sería lamentable que el recuerdo de la tragedia de Srbrenica quedara asociada tan sólo al juicio de Milosevic. Hay demasiadas preguntas sin respuesta como para que la muerte de varios miles de personas se quede sólo en eso. En Belgrado, parte de los altos mandos de las fuerzas armadas serbo-montenegrinas en 1995, por ejemplo, pudieron haber conocido el destino que le esperaba a Srebrenica. Mladic mantenía contactos fluidos con el ministro de Defensa federal y con el alto mando yugoslavo, personificado en el general Momcilo Perisic: si, el mismo Perisic que se enfrentó a Milosevic durante las grandes manifestaciones de 1996 en Belgrado, el mismo que fue descubierto con las manos en la masa mientras espiaba para la CIA en 2002, ya como viceprimer ministro.

Los militares del ex Ejército Popular Yugoslavo nunca fueron entusiastas de Milosevic y de hecho, los espectaculares atentados contra el entorno más comprometido con el mandatario serbio en los últimos años del régimen (“Tref”, “Bazda”, “Kundak”, Bulatovic, “Zica” Petrovic, el mismo “Arkan”) pudieron haber sido obra de la inteligencia militar de acuerdo con algunos de sus colegas occidentales. Por lo tanto, colgarle la responsabilidad de lo ocurrido en Srebrenica a Milosevic podría tener la utilidad de desviar la atención sobre otros responsables más directamente implicados con los que, en su momento se llegó a acuerdos comprometidos. Si realmente llega a entregarse, el juicio a Mladic logrará despejar muchas dudas al respecto... o enterrar definitivamente las peliagudas implicaciones de lo que ocurrió en aquel verano de 1995, en Srebrenica, convirtiendo para siempre esa tragedia en floridas y sentidas efemérides a cargo de las oportunas firmas orgánicas de turno.

Francisco Veiga es profesor de Hª de la Europa oriental y Turquía en la UAB y autor de La trampa balcánica (2002) y Slobo. Una biografía no autorizada de Slobodan Milosevic (2004)

Srebrenica: diez años no son nada

Desde hace una semana, los diversos diarios y medios de prensa españoles han ido publicando puntualmente sentidos reportajes, artículos de opinión y hasta algún que otro editorial, dedicados al décimo aniversario de la caída de Srebrenica (República de Bosnia-Herzegovina) en manos de las tropas serbo bosnias del general Ratko Mladic, en junio de 1995. Como sabrá cualquier lectoer bien informado, la operación terminó en una matanza organizada por las fuerzas vencedoras.

Sin embargo, la gran mayoría de los artículos publicados podrían haber sido publicados en el mismo año de 1995 o poco después. A tenor de las bellas y conmovidas frases de los próceres, paniaguados y enterados de turno, parece que poco se ha avanzado para aclarar qué ocurrió realmente entonces, quiénes fueron los responsables primarios y también secundarios de la tragedia y por qué el general Ratko Mladic o Radovan Karadzic no ha sido detenidos en todo este tiempo, teniendo en cuenta que son personalidades bien conocidas y se esconden en un territorio pequeño. Pero sobre todo, la prensa española ha pasado pudorosamente sobre la gran pregunta principal: ¿Por qué la matanza de Srebrenica?¿Qué sentido u objetivo tuvo? Pocos días después de la caída de ese enclave (11 de julio) le tocó el turno a otro situado más al sur: Žepa. Pero allí no se produjeron matanzas. ¿Por qué? No es un detalle baladí. Y sin embargo, los bienpensantes y bienintencionados que por entonces estaban a favor del sacrosanto derecho de ingerencia, evitan tocar el tema y echan balones fuera.

Más preguntas: en mayo de 1996, la prestigiosa publicación "The New York Review of Books" publicó un artículo muy documentado firmado por Charles Lane y Tom Shanker titulado: "Bosnia: What the CIA Didn´t Tell Us". Allí se decía que Bosnia (y toda la ex Yugoslavia) habían sido el territorio más espiado y escuchado de la historia. Pero nada de ese material ha salido a la luz durante el juicio que se sigue contra Slobodan Milosevic en La Haya. ¿Por qué?¿Acaso los norteamericanos sabían lo que iba a ocurrir en Srebrenica?¿No puede ser que se esté utilizando a Slobodan Milosevic como malvado univeral al que colgarle todas las culpas, a fin de proteger a testigos o culpables más comprometedores?

Han pasado diez años desde aquello, pero la prensa sigue publicando lo mismo, los tópicos políticamente correctos de siempre. No sea que alguien se haga preguntas. No sea que alguien compare el juicio de Milosevic con el de Saddam Hussein. No sea que se vaya a descubrir la porquería que rodeó el final de la guerra de Bosnia.